Tuesday, February 21, 2006

Catársis creativa de una amiga.......


Ayer me saludaron por el día de la madre por primera vez en mi vida. No pensé que llegaría ese momento, de verdad, es algo que nunca imaginé realmente. Me dio cólera y rabia que ese hombre asuma a ciencia cierta que yo soy mamá. Me puse a pensar qué habría sido lo que lo llevó a esa conclusión, inmediatamente pensé en mi cuerpo, tal vez no estoy entrenando lo suficiente en el gimnasio, estaré comiendo mucho, se me verá gorda como a una madre? Pensé que tal vez podría ser que él asume todo y generaliza. Esa visión es típica de la gente que no piensa antes de hablar, como los muchachos de Wong o las anfitrionas que ofrecen productos y siempre lanzan el “señora” antes de ofrecer algo, haciendo que yo odie y rechace sus productos al simple sonido de esa palabra. Luego de ese incidente fui a un gimnasio a averiguar cuánto costaba la inscripción y me doy con la gran sorpresa que había una oferta “sólo para madres” es decir, más discriminada no me pude sentir, pregunté si era válido sólo para madres o yo podía aplicar, y la señorita muy amable me preguntó mi edad, mentí, dije 40, y escuché “ah, entonces usted puede mentir y decir que tiene un hijo para que pueda gozar de la oferta”, es decir ¿habré llegado a un punto en el cual tengo que mentir sobre mi condición biológica para que el resto me pueda aceptar dentro de sus cánones de supuestos? ¿Es necesario que mienta para que el resto de gente no se cuestione ni se sienta decepcionada, no por mi, sino por ellos mismos al pensar otra cosa distinta a la que su propio instinto les dice?

No sé, pero hoy me levanté con otro pensamiento, ya no el de la frustración, cólera y rabia por a esa gente, sino respecto a mi misma. ¿No será que yo me veo distinta, que tengo otro concepto de mi y que ya no es consecuente con la realidad que vivo? Quizá no me he dado cuenta que mi cuerpo verdaderamente ha cambiado, por más ejercicio que haga, que mi cara tiene líneas de expresión muy marcadas, que ya no se ve tan lozana como antes, que mi genio no es tan ingenuo ni sumiso y que la cólera e intolerancia me embargan muy rápidamente, que ya no sonrío frecuentemente, ni me enamoro tan rápido como antes, que sueño y me ilusiono menos y pienso más, que analizo mucho, que mi mirada no brilla y tantas otras cosas que hacen que el resto me perciba tal como soy ahora y no con la imagen de hace años con la que yo me quedé de mi misma y que, quizá, quiero retener a la fuerza, y quiero que otros retengan, cuando ya es muy tarde y hay esos factores que transmito a la gente que yo ya no soy como antes y por eso piensan que debo ser la otra, la mamá, la señora, pues no hay intermedio entre el antes y el después, no existe el término medio gris para esa gente, ni tampoco lo entenderían porque ellos nunca lo han vivido.

Lo único en lo que estoy convencida es que el término “señora” afecta notoriamente a aquellas que no lo somos, y que, aunque lo parezcamos o ya nos toque, lamentablemente todavía no lo vivimos. Si tuviera la oportunidad de hablar con el jefe de personal de Wong, lo primero que le diría sería que entrene a sus trabajadores para que piensen antes de decir “señora”, porque si se lo dicen a una mujer soltera de más de 30, ésta se va a ir de la tienda con esa palabrita resonando en su mente, mientras que si le dicen señorita a una verdadera señora de 35, ésta se va a ir muy feliz a su casa y va a pregonar a toda su familia que le dijeron señorita en el supermercado, y volverá feliz para que se lo repitan.

Lo que soy yo, no compro productos de anfitrionas que tienen mi edad o se ven peor que yo y que además me dicen “señora”. Yo les contesto con un muy educado “no gracias SE-ÑO-RA”.

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